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Las labores comerciales del tabaco consisten en una mezcla
de hojas de la planta, previamente curadas por el cultivador, trabajadas
y transformadas por la industria en forma de picadura o hebra para cigarrillos
o pipa, y en rollos hechos trozos de hoja para cigarros.
La calidad de la producción de la hoja se ve influida
por la clase de hoja que se ha cultivado en el campo; por su proceso de
transformación y los aditivos y tratamientos que el producto recibe del
agricultor y la industria intermediaria.
El éxito del cultivo y la calidad del producto dependen
también del clima y la tierra donde se cultiva la planta.La temperatura
debe corresponder tanto a un clima templado o cálido como a una humedad
media/elevada. Si no se ha alcanzado la humedad deseada se utiliza el
riego artificial.En cuanto a las tierras, han de ser profundas, fértiles
y bien saneadas. Deben tener una buena orientación y una buena capacidad
para recoger y conservar el calor del sol. Y es que el tipo de tierra
y sus características son factores decisivos para que la cosecha alcance
una producción máxima y una calidad inmejorable.
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Fase 1: Semillero y Trasplante
(Período: febrero-mayo)
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La semilla del tabaco es de las más pequeñas que existen y las plantitas
que producen son tan delicadas que tradicionalmente el cultivador ha tenido
que sembrarlas en los semilleros, que es una porción de tierra bien preparada,
enriquecida con estiércol, desinfectada, y cuidada con riegos, escardas
etc. Actualmente, este trabajoso sistema se está sustituyendo por el de
las bandejas flotantes (en la foto). Así, la semilla se siembra en los
compartimentos de cada bandeja que se mantiene a flote en pequeñas piscinas,
de manera que la planta obtiene la humedad y los nutrientes que necesita
directamente del agua.
Cuando las plantas alcanzan un tamaño aproximado entre
10 y 15 centímetros se trasplantan al terreno de asiento, previamente
labrado, abonado y con un buen grado de humedad, donde dará la cosecha.
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Fase 2: Fertilización
(Período: mayo)
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Su principal objeto es suministrar la cantidad justa de cada uno de los
elementos nutrientes con el fin de que la plantación alcance el mejor
de los rendimientos. El tabaco no sólo tiene una gran capacidad para absorber
casi todos los elementos nutritivos que ofrece el suelo, sino también
aquellos que ofrece el abonado.
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El abono aporta tres elementos principales a las plantas:
nitrógeno (N), necesario para el desarrollo de la planta; el potasio (K),
contribuye a una buena calidad de la hoja ya curada y fermentada, tanto
en apariencia física como en combustibilidad, y el fósforo (P), elemento
que favorece el crecimiento normal de la planta. El tipo de abono y la
clase de tierra deberán ser elegidos según el tipo de tabaco cultivado,
por lo que en favor de la buena calidad y el rendimiento de la cosecha,
el cultivador debe conocer bien el abonado que sus tierras necesitan.
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Así es como las tierras sueltas o ligeras, aquéllas
en que escasea la arcilla y abundan las arenas, son las idóneas para el
cultivo de los tabacos Flue-Cured o Amarillos. Sin embargo, los tabacos
oscuros, utilizados a veces para la fabricación de cigarros puros, piden
tierras mucho más pesadas.
A un modelo intermedio se adaptan mejor los tabacos tipo
Burley, cuyo cultivo admite terrenos arenosos e incluso algo arcillosos,
pero con contenidos medios de materia orgánica. El cultivo de esta variedad
requiere además una mayor cantidad de abono nitrogenado que la exigida
para los tabacos amarillos, pero menor que para el tipo oscuro.
Por su parte, los tabacos de tipo oriental o aromático,
pueden cultivarse en tierras pobres, pedregosas y de menos fertilidad
que las anteriormente citadas. Asimismo, necesitan menor cantidad de abono
y dependen de un menor rendimiento en hoja de su cosecha.
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Fase 3: El Cultivo
(Período: mayo - julio)
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Desde su trasplante hasta que las plantas alcanzan su
máxima altura y echan flores pasan entre 50 y 70 días dependiendo
del clima, tierra y variedad cultivada. Cuando dejan de crecer y sus ramilletes
de flores están totalmente formados, y los capullos han abierto,
comienza el proceso de maduración de las hojas que, una vez separadas
del tallo, pasan al secadero para su transformación.
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Desde el trasplante hasta la cosecha, los periodos más importantes
del cultivo son los días que siguen al trasplante y los que preceden
a la cosecha, ya que en ellos tienen lugar los cambios fisiológicos
más importantes de las plantas.
Los cuidados a realizar en el terreno de asiento son la escarda o limpia
de malas hierbas y los aporcados o labores que consisten en llevar la
tierra a la base de la planta para la protección del cuello de
la raíz. Una vez formados los ramilletes de flores, se procede
al despunte, que consiste en cortar el extremo del tallo portador de flores
y los brotes de hojas laterales. Tras el trasplante, aproximadamente entre
los 90 y los 100 días, las hojas alcanzan su necesaria madurez
para cosechar y pasar posteriormente a su recolección.
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Fase 4: Cosecha, Recolección, Cuelgue del Tabaco
(Período: agosto - noviembre)
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Cuando las hojas van estando maduras, su color cambia del verde al amarillo
pálido con cierto brillo, la hoja se vuelve quebradiza y comienza
una madurez progresiva que va de las hojas más bajas a las más
altas. Una vez maduras, la recolección se puede hacer a mano o
con máquinas especializadas, que además de despojarlas de
la tierra las colocan automáticamente en los remolques para luego
pasar al secadero.
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Fase 5: El Curado y los Secaderos
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A las pocas horas de haber sido cortadas, las plantas o las hojas sueltas
entran en el secadero, por lo que su contenido de agua es casi un 90 por
ciento de su peso total. Para reducir tan alto nivel de humedad, pasan
al curado, proceso que logra disminuirla hasta un 15 o un 20%.
Además de la pérdida de agua, el curado también
transforma la composición química de las hojas, y el color
empieza a cambiar hacia el marrón, naranja o dorado, dependiendo
del tipo de tabaco y la forma de curarlos.
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Los tabacos negros se curan al aire en interiores ventilados, se cuelgan
por hojas o plantas enteras y el proceso dura entre 1 y 3 meses. Sin embargo,
los tabacos rubios se curan por hojas, en secaderos de atmósfera
controlada y ventilación automática y con calefacción-gas
y tardan entre 5 y 7 días. Por último, los orientales tienen
un proceso de curado al sol en hojas dispuestas en ristra de cuerda y
tarda muy pocos días.
Una vez curadas las hojas, se apilan en paquetes y se envían a
centros de recepción, procesado o fermentación, donde tendrán
un tratamiento tecnológico previo a la elaboración en productos
comerciales. El periodo del curado en los secaderos es de mediados de
octubre a mediados de noviembre. La fase de curado y secado, según
los tipos de tabaco, es de septiembre a diciembre.
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