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LA RUTA DEL TABACO

VIAJE POR EL PAIS DEL TABACO

Calor, mucha agua y clima suave. La combinación de estos tres ingredientes convierte el norte de Cáceres y algunos puntos de Badajoz en una zona privilegiada para el cultivo del tabaco. No en vano, los cultivos extremeños proporcionan el 85% de la producción de España, tercer país cultivador de tabaco de la Comunidad Europea. Y si el tabaco representa una importante parte de la riqueza agraria de Cáceres, del mismo depende en gran medida el interés turístico de estas tierras.


Embebida de historia y colorido, la ruta de los pueblos del tabaco de Extremadura es un atractivo recorrido que, para delicia del viajero, todavía se conserva sin explotar de forma masiva. Carreteras y caminos serpenteantes conforman un cautivador entramado donde cada uno puede trazar su propio itinerario con numerosas ocasiones de perderse del asfalto.

El viaje puede dividirse en dos partes: por un lado la zona del Valle del Tiétar y La Vera, a las faldas de la Sierra de Gredos; y por otro los Regadíos de Alagón, más cercanos a la Sierra de Gata. Si disponemos de tiempo, y deseamos saborear con calma los ricos y coloridos matices de la ruta extremeña del tabaco, podemos partir la primera parte de nuestra aventura en dos jornadas. Una de ellas nace en Talayuela, visita la plantación tabaquera Finca Mesillas, y se dirige enseguida a los pueblos veratos: Jaraíz de la Vera, Garganta la Olla, Cuacos de Yuste y Aldeanueva de la Vera. La otra parte de Navalmoral de la Mata, se dirige a la finca La Jara del Romeral, continua por Rosalejo y Tiétar hacia la finca El Robledo, y se adentra por fin en la comarca de La Vera: Losar de La Vera, Valverde de la Vera, Villanueva de la Vera y Jarandilla de La Vera.

Tras una empinada subida desde Mesillas -durante la cual gozamos de una impresionante panorámica del valle del Tiétar- nuestros ojos se sorprenden con un inesperado espectáculo: La Vera. Acostada sobre el regazo de la Sierra de Gredos y bañada por las aguas del río Tiétar y sus numerosas gargantas, a esta tierra se la conoce popularmente como la Suiza extremeña. El geógrafo e historiador griego Estrabón imaginó que aquí se hallaban los Campos Elíseos, paraíso final de dioses y hombres justos.


El tabaco comenzó a plantarse en la comarca hacia el año 1920. Primeramente se cultivó el que denominaban jarandillano, y después sembraron el virginia (rubio) y el burley (negro). Pero La Vera tiene un microclima que le permite los cultivos más variados. Las tierras de regadío están también impregnadas del peculiar sabor y color rojizo del pimentón, y la comarca entera está perfumada con los aromas del romero, la jara y el tomillo. Frutales, espárragos y frambuesas completan las plantaciones de este vergel, del que con razón escribió, en el siglo XVIII, Acedo de la Berrueza que aquí se cogen "a racimos las violetas, a montones los claveles y los jazmines a puños".

 

Para armonizar con este maravilloso espectáculo campestre, los pueblos de La Vera gozan de una original arquitectura rural. Un canalillo de agua recorre el centro de la calles y plazas veratas, empedradas para que la tierra de la superficie no se convierta en barro. Con una fisonomía de granito y madera que responde al tipo serrano, sus casas cuentan con voladizos y aleros que las protegen contra el sol y la lluvia. Generalmente de tres pisos y fachadas estrechas, suelen tener bastante fondo que a menudo se completa con huertos traseros. De los dieciocho pueblos que componen la comarca, tres de ellos han sido calificados como conjunto histórico-artístico: Valverde, Villanueva y Garganta la Olla.

 

Regadíos de Alagón: de la palidez árida al jugoso verde

El río Alagón va dejando con sus aguas unas tierras ricas, que hasta no hace mucho eran de secano, y cuyo rostro árido ha cambiado por el color verde. En esta zona se da la mayor concentración de plantaciones de tabaco en el Oeste de la provincia, que suelen ser explotaciones monoculturales. La carretera discurre entre la zona regable, y a lo largo de ella podemos parar a visitar diferentes fincas, o bien, dirigirnos directamente a Rincón del Obispo, pueblo de colonización, dedicado fundamentalmente a este cultivo. Como última etapa de nuestro viaje, nos acercamos a Coria. Desde allí, los amantes del deporte náutico cuentan con la opción de dirigirse al pantano del Borbollón, donde como sacada de un cuento de hadas flota una isla de encinas en la que anidan las especies más variadas. De camino a este embalse no debemos dejar de pasar por Moraleja, pueblo tabaquero con una interesante iglesia renacentista de la Piedad. Impregnada del aroma del incienso y del rumor de los latines, Coria fue descrita por Ortega como una "ciudad inverosímil, sombría, torva e inmóvil como un susto en medio del camino". Está rodeada de unas impresionantes murallas romanas, y junto a ellas se eleva la catedral gótica, con una torre circular de 54 metros que asoma al Alagón. En la capilla del Relicario se conserva el mantel de la Sagrada Cena, que trajo hasta aquí Santa Helena, madre del emperador Constantino. Famosa por su lúdico toro de San Juan, tan totémico para los lugareños, Coria es lugar de alegre vino y buen comer. Así, con la tripa llena y con el espíritu enchido del color de los campos de tabaco y las caricias caprichosas de los rayos de sol en la piedra, encendemos un cigarrillo para descubrir por primera vez todo, todo su sabor.

El tabaco en tierras de García-Lorca

Si deseamos completar nuestro viaje, podemos bajar hacia el sureste de la península hasta llegar a la Vega granadina. Fue en los pueblos y entre los campos de tabaco de esta comarca donde Federico García Lorca encontró su inspiración y cantó al amor, la amistad y las relaciones humanas. Íntimamente ligada al itinerario lorquiano, la circular ruta del tabaco andaluza parte de la mágica ciudad de Granada y se dirige hacia el oeste por la carretera de Armilla para toparse con Churriana de la Vega y las Vegas del Genil (Purchil, Ambroz y Bellicena), primeros pueblos tabaqueros de la zona. Más adelante surge Santa Fe. El viaje continúa por la carretera de Málaga, que nos lleva a Chauchina y a Fuente Vaqueros. Pocos años antes de acoger las primeras semillas de tabaco, esta última localidad vio nacer en su seno al inmortal poeta Federico García Lorca. Desde 1986 la casa de labranza donde vivió los primeros años de su vida está abierta al público como museo dedicado a su memoria. Tras los pasos de García Lorca, nos acercamos a Valderrubio. Allí vivió el poeta frente a la familia Alba, que le sirvió de fuente de inspiración. Sus descendientes habitan todavía hoy la misma casa. Este pueblo fue, además, el primero en España donde se cultivó el tabaco rubio (variedad Virginia). Y de vuelta a la ciudad, es obligada la parada en otra destacada localidad tabaquera: Pinos Puente. Nacida en la época fenicia o iberorromana, la población cuenta con un popular puente formado por tres arcos de herradura, que los árabes construyeron en el siglo IX para cruzar el río Cubillas. A su paso sobre él para abandonar la ciudad, Cristóbal Colón fue detenido por los emisarios de Isabel la Católica, que le comunicaron que la reina había aceptado sus condiciones. Gracias a esto el histórico navegante descubrió América, y allí también descubrió el tabaco...